La historia de Manifiesto Comunista

 

160 aniversario

 

Mike Ely

The Communist ManifestoEn febrero de 1848, se publicó en Londres un nuevo folleto comunista, escrito en alemán, titulado Manifest der Kommunistischen Partei. Se imprimió en un pequeño taller y se despachó con toda urgencia al continente europeo, a la sazón convulsionado por levantamientos y disturbios en la mayoría de las ciudades importantes. Allí lo esperaban pequeños núcleos de revolucionarios, quienes necesitaban una declaración de alto calibre como guía para su trabajo y como toque de clarín para movilizar a las masas a un movimiento rotundamente revolucionario.

Las primeras líneas del folleto eran audaces: "Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo. Todas las fuerzas de la vieja Europa se han unido en santa cruzada para acosar a ese fantasma... ya es hora de que los comunistas expongan a la faz del mundo entero sus conceptos, sus fines y sus aspiraciones; que opongan a la leyenda del fantasma del comunismo un manifiesto del propio Partido".

En poco tiempo, el folleto se tradujo a muchos idiomas europeos. En español se llamó Manifiesto del Partido Comunista. En 1850, una edición en inglés publicó los nombres de los autores por primera vez: Carlos Marx y Federico Engels.

Marx arrested in BrusselsMuchos documentos y manifiestos de aquella época han caído en el olvido entre el polvo de las bibliotecas, pero este manifiesto vive: se estudia en ghettos, en bases de apoyo rurales, en escuelas y universidades del mundo entero; inspira y prepara nuevas generaciones revolucionarias, una tras otra.

El Manifiesto Comunista es el documento visionario que fundó el movimiento comunista moderno, la primera declaración de la ideología científica que se conoce ahora como el marxismo-leninismo-maoísmo. Con motivo de su 150 aniversario, a continuación ofrecemos su historia.

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Despertad, leones durmientes, en vuestra masa inconquistable, haced añicos las cadenas que en el sueño os han apresado. �Vosotros sois muchísimos, ellos apenas un puñado!

Poema de Percy Shelly dedicado a los obreros de Manchester que confrontaron las tropas en 1819

A mediados de la década de 1840, el movimiento comunista necesitaba con urgencia un nuevo manifiesto aglutinante. La sociedad experimentaba grandes cambios y las antiguas doctrinas revolucionarias, calcadas y adaptadas de la gran revolución burguesa de Francia de 1789, ya no daban la talla.

 

En ciertos aspectos, era una época difícil para los revolucionarios. Tras la derrota de la gran revolución francesa (primero por la traición de Napoleón Bonaparte, quién se coronó emperador, y después, en 1815, por las fuerzas combinadas de las monarquías feudales de Europa que aplastaron al ejército francés), la "santa cruzada" de monarcas triunfantes reprimió salvajemente durante décadas al pueblo: volvieron los reyes y príncipes; se reprimió la política revolucionaria antimonárquica; se vigilaban las fronteras; pululaban espías y soplones en todas partes.

El triunfo de los reaccionarios parecía total, pero profundos cambios en la economía socavaban su poder y creaban nuevas y poderosas fuerzas de descontento. En la tecnología y la producción se operaban notables cambios. El "sistema fabril" se estableció en unas pocas nuevas zonas industriales de Inglaterra y sus horribles talleres se multiplicaron en partes del continente europeo. Era común que niños de nueve años trabajaran 60 ó 72 horas a la semana en la manufactura. Nuevas presiones capitalistas en la agricultura precipitaron la expulsión de campesinos de sus tierras, que se sumaban a una nueva clase rebelde: el proletariado moderno.

Se veían los primeros indicios de una nueva ola de lucha revolucionaria. En julio de 1830, batallas campales conmocionaron las calles de París. En 1831, los tejedores de seda de Lyon iniciaron una huelga; se salieron de sus talleres cantando:

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